miércoles, 23 de octubre de 2013

Eurotrip 2013: Berlín



Con la reciente noticia de la finalización de mi contrato laboral, empiezo a vislumbrar la posibilidad de regreso a mi país, finalizando mi aventura por Irlanda.

Entre repechajes mundialistas, inseguridad laboral y un frío bárbaro, que ya empieza a rajar la tierra, me dispongo a forzar la memoria y recuerdos, con el fin de relatar sobre el quinto destino del viaje, ese que hicimos con mi madre hace ya unos tres meses atrás.

El lunes 8 de julio llegamos, por primera vez sin correr, al andén 22 de la terminal de buses de Praga. Lo positivo: no pagamos por poner las mochilas debajo del bus, lo negativo: la azafata tenía una cara que combinaba la insatisfacción de su trabajo, con estar viviendo el día 2 de su semana de mujer y la decepción que le genera el saber que nadie le acepta las invitaciones de Candy Crush en el Facebook.

Otra cosa buena fue que en ese viaje de 7 horas, en el cual dos policías se subieron nuevamente a controlar pasaportes, a mi madre no se le hincharon las patas como si fueran pedazos de matambre atado.

Lo primero que nos recibió en Berlín, aún sobre el bus, fue la presencia de limpia vidrios en las esquinas acosando a los conductores. En este mundo no se salva nadie, incluso en el primer mundo.
Nos bajamos y no había ni un puesto de información, de inglés mucho no decir estando ahí en la terminal, un señor se me arrimó y me entró a explicar como llegar al hostel, intenté a lo indio decir las palabras con mi alemán bien aprendidito de tantos capítulos de Rogelio Roldán, pero viendo y considerando que el hombre estaba más cerrado que defensa italiana, apliqué la vieja y querida táctica del "si, si, si... ahhhh, si, si, gracias... si, si" que significa "pa no te entiendo nada cabeza, me incomoda tu presencia por favor andate".
Cuando terminamos esa charla demencial con este amable alemán, a quién le faltaban un par de caramelos, mi madre me pregunta - ¿que te dijo?...¿sabés cómo llegar? - a lo que sin ningún drama contesté - me dijo... blunstencajen... no ni idea ma.

Salimos a la calle y confundidos entre distintas entradas de subte, tram y un sin fin de medios de locomoción que en Uruguay solamente se ven por tele, terminamos dentro de un centro de convenciones. Ni idea cómo, solo se que terminamos ahí adentro.

O la eficiencia alemana es tremenda, o la recepcionista ya resignada de tanto turista extraviado la tenía clarísima, habilitó el googlemaps, hablamos en inglés y me explicó como tomando un tren y un bus llegábamos. Parecía fácil pero no lo fue.
Para llegar a la estación nos metimos en ese laberinto de entradas de metro, con parkings y salidas a cualquier esquina, luego, la dirección y yo que le metía presión a mi madre para que se acordara de algo de ese alemán que había aprendido hacía unos 40 años en la escuela. Agarramos bien el tren más por culo que por talento, conseguimos el bus y luchando con valijas, mochilas y subanempujenestrujenybajen, nos arreglamos para llegar vivos y descender a pocas cuadras del zoológico.

El hostel estaba prolijo, el único problema es que teníamos un 500 para pagar y no existe que alguien te acepte eso, nosé para que mierda todos los cambios uruguayos te dan esa guita que nadie agarra en Europa... ¿será que hasta les mandan los billetes de clavo a los tercer mundistas?.

Arreglamos para pagar más tarde, al otro día en realidad porque la recepción era part-time. En el banco la funcionaria, rubia, me explicó que es normal que vayan los turistas a pedir cambio porque nadie acepta billetes de más de 50, y nosotros teníamos uno de 500... una locura.

Ya con dinero y un hambre galáctico, nos fuimos hasta una panadería dónde "la Marian" ya aplicó los números en alemán, una fenómena. Eso fue lo mejor de la panadería porque lo que comimos era pura pinta, realmente ni fu ni fa.

Cómo no queríamos correr, estas dos semanas sin parar nos tenían liquidados, decidimos ir caminando hasta el obelisco en el Tiergarten. Pateamos de lo lindo de cualquier manera.
De lo curioso en el camino y mismo en el parque, fue la cantidad desorbitante de bicicletas que vimos, el amor platónico de mi madre, el Volkswagen escarabajo descapotable nuevo que vimos en cantidades industriales como tantos otros convertibles y, un sector del parque, dónde hay principalmente hombres desnudos tomando sol. También en cantidades industriales.

Así se nos fue el primer día, tranquilos, disfrutando del clima y compartiendo unos mates con mi vieja.




Fin del día 1 en Berlín.-

Para el segundo día planeamos hacer el city tour gratuito, así que nos levantamos como pudimos a las 9 de la mañana y llegamos tranquilos al punto de encuentro... pero de la compañía nadie apareció.



Para poder llegar a tiempo nos fuimos hasta la Puerta de Brandeburgo, nos llevó unos 35 los poco más de 4 kilómetros de distancia. Mi madre me puteaba por andar a las corridas de nuevo, yo que le mentía tipo niño chico diciéndole que faltaba poco y lo mejor, casi llegando y muy sobre la hora, el pique explosivo de mi madre a lo pato. Momento más que memorable.

Al llegar era un mar de gente, gurisada en pila y otro tanto más, de turistas de todos los puntos cardinales. Cuando encontramos la empresa de tours, tenían más de 12o personas para los 3 guías de ese día, imploramos por tener un lugar ya que estaban, hasta incluso sacando gente. Tuvimos suerte.

El tour estuvo bueno, la guía fue la mejor guía que he tenido, una mina que le apasiona lo que hace y de lo que habla, pero que por sobre todo sabe muchísimo, no solo lo que en el papelito del tour le indican debe de decir.

Berlín a esta altura nos pareció una megacapital, con una historia de guerra impresionante, dónde se presencian rastros que van desde la primera y segunda guerra mundial hasta la guerra fría. Igualmente, no nos terminó de convencer. Sea porque estábamos muy cansados o porque los otros lugares nos habían sorprendido con algo mucho más agudo hacia nuestros sentimientos, nosé, pero fue un destino totalmente omitible que seguiríamos intentando disfrutar en los siguientes dos días.

El tour fue sobre historia en general, vimos parte del muro, el monumento al holocausto, pasamos sobre una plaza dónde supuestamente se encontraba, debajo, el bunker del responsable del genocidio de la segunda guerra, algunos de los Trabants de la guerra fría, el Checkpoint Charlie, un memorial sobre la quema tan famosa de libros que se realizó en la segunda guerra mundial en el Bebelplatz, otro memorial sobre una madre sosteniendo a su hijo caído en batalla en el cual el techo esta abierto y tanto el sol como la nieve de invierno caen sobre esta, y luego de 4 horas, sobre las 15 hs terminamos el tour en Alexanderplatz.

De allí nos fuimos al barrio medieval, nada, absolutamente nada, pero prolijo. Lo más lindo fue esta señorita muy parecida a mi que nos cruzamos.



Pasamos por la torre de televisión, todo, absolutamente todo está en obra. Hay una inversión en la construcción nunca vista, es que apuntan a generar fuertes ingresos en base al turismo y para esto toda la ciudad esta siendo reestructurada. Lo más curioso son las cañerías gigantes de color rosado o azul, estéticamente quedan bárbaro para lo que realmente son.

Nos detuvimos un largo rato en el museo del terror, es impresionante. Muy recomendable, amerita mucho respeto y despierta la incesante reflexión por algo que el mundo, trágicamente, vivió hace 70 años.

Entrada la tarde pegamos la vuelta, en total sacamos la cuenta que caminamos sin parar ni para comer, por 11 horas y media. Ahora si que estaba cansado.




Fin del día 2 en Berlín.-

Ya con las energías que nos quedaban, arrancamos luego de un suculento desayuno, hacia el no tan turístico tour de los bunkers, Berlin Unterwelten.

Nos llevó un buen rato llegar hasta la estación de Gesundbrunnen, pero al hacerlo, pudimos ubicarnos en el siguiente tour en español a tan sólo 15 minutos de espera.
La guía hablaba con acento mezcla cubana, norteamericana y traductora latina de películas yankees de los 90. Sumado a esto que al principio me daba muchísima gracia, se le complementó la actitud de institutriz que mantuvo al tour de tan solo 6 personas a paso militar por más de una hora.

Visitamos dos bunkers de la guerra fría, bastante interesante y por sobre todo diferente a lo típico de la plaza, catedral, puente, reloj y cambio de guardia, tan básicamente turístico de la mayoría de las ciudades europeas.

Nos fuimos hasta la Puerta de Brandemurgo, minada nuevamente de turistas, y mientras mi madre moría de amor por los escarabajos descapotables, nos dirigimos hasta el Reichstag.


Pegamos la vuelta y como buen plantel de equipo deportivo profesional, a las 16:30 nos clavamos 2 horitas de siesta sin mucho debate.

A la noche, relajados totalmente y simplemente disfrutando de estar juntos en la otra punta del mundo luego de meses, nos fuimos a un lindo restaurante con sillas y mesas en el exterior.
La moza era una alemana muy simpática, que hablaba en español bastante bien. La comida nos cayó bárbaro, Uruguay jugaba un partido de la sub 20 y desde allí, con el wifi del restaurante y el pequeño smartphone, nos arreglamos para no perderle ni un solo minuto a esta selección que terminó siendo vice campeona del mundo.

Fin del día 3 en Berlín.-

El último día fue puro trámite, desayunamos abundante, nunca apareció el recepcionista para hacer el check-out, ¿Braulien se llamaba?, y entre consultas rústicas con la encargada de la limpieza y desayuno, terminamos entendiendo a los ponchazos que podíamos dejar las valijas en la terminal de trenes cerca del ¿zoologiquen?, tengo que mejorar mi alemán urgente.

La mañana y tarde de aquel jueves 11 de julio de 2013, estuvo llena del placer de hacer... nada, absolutamente nada.

Caminamos por ahí, tomamos mate, no compramos ni un solo souvenir. A lo Mario bros anduvimos esquivando gitanos y gente que mangueaba a diestra y siniestra por la calle.
Almorzamos, mechamos un buen helado Häagen-Dazs y en el tren, nos fuimos hasta el no tan moderno aeropuerto Schoenefeld.

Berlín nos dejó con el apetito turístico insatisfecho, vimos muchísimos descapotables, gente bien dispuesta a ayudar y masas y masas de personas tatuadas. También, concluimos que las mejores estaciones de trenes están allí, que la gente se sube a estos con perros y bicicletas de manera super habitual, bicicletas que vimos de todo tipo y color (camabici, beerbike, con carrito para 5 bebés, etc).
Comparando también con otras ciudades, los jardines están muy poco cuidados y el pasto crece libremente en cualquier rinconcito, a pesar de esto todo esta bastante limpio más allá de las tantas obras de reforma que se perciben en la ciudad.
Solamente nos faltó visitar el Puente de Oberbaum, el campo de concentración de Sachsenhausen y ver toda la zona de graffitis de la ciudad.

Ya el viaje se terminaba para mi, pero a mi madre le quedaba conocer el lugar que hasta ahora me alberga desde marzo de 2012, Dublín y en el, conocería la empresa que ahora me deja desempleado y a la persona con la que estoy más que feliz hace casi un año. 





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Juan Patrick
"Actuamos como si el comfort y el lujo fueran lo más importante en la vida, cuando todo lo que necesitamos para sentirnos felices es algo por qué entusiasmarnos."
Albert Einstein (1879-1955) Científico alemán nacionalizado estadounidense.