lunes, 11 de noviembre de 2013

Eurotrip 2013: Dublín...el final


Se viene el final de este viaje que vivimos hace ya 4 meses, y que aún perdura en nuestros corazones.

Ahora mucho más que nunca, rascando la memoria intento realizar esta crónica, sin mis típicos apuntes, sino que usando los que mi madre dejó acá en un borde del escritorio, y que nunca leí. Así que a fé nomás, va la crónica del final del viaje en Dublín, la ciudad que me aloja hace casi 2 años ya.

Cuando llegamos de Berlín era tan tarde que mi madre planchó perdida dentro de los tantos acolchados de mi cama y yo, a lo buen huésped, perdí arriba de un colchón desinflado pero por insistencia propia. Mi madre estaba todavía sorprendida y desorientada por subirse al bondi por el otro lado, yo mientras tanto, ya puteaba del frío que hacía y del piso en chanfle.

Al otro día, salimos a la calle y en la misma esquina nos saludó el dueño de la casa, el con su inglés cerrado y mi madre que contestaba "gracias" y nada más, ¡buenísimo!.
Caminamos por los principales puntos de Dublín, siempre está bueno ver con nuevos ojos las cosas de todos los días.

Pasamos por el local argentino por unas empanadas, visitamos el Temple Bar y el clima afortunadamente acompañó. Cruzamos el Liffey y volvimos a aprontarnos para en la tarde, ir a tomar el té al Tea Garden y allí mismo, presentarle a Claire.

Se hicieron intercambios de regalos, charlamos y pasamos un rato extraordinario en un lugar que desde que lo conocí supe que sería el lugar ideal para llevar a mi madre.
Salimos de ahí y fuimos a escuchar un poco de música en vivo y probar la cerveza negra Guinness, esa tarde fue perfecta. Mi madre disfrutó de un montón de cosas, a Claire le fascinó mostrar parte de su cultura y yo me llené del placer de la compañía.

Acompañamos a Claire a su casa y pegando la vuelta, en esa caminata nocturna nos dejamos acompañar por un heladito y el no estar apurados por absolutamente nada, simplemente caminamos y charlamos pero a más de 10.000 kilómetros de casa.

El siguiente día fue tremendo, las mandé juntas de compras. Yo pensé, las mujeres se entienden si van a comprar, entonces, cómo necesitaba mi hora de relax y para salir de compras soy de cartón, las junté y se largaron sin tener idioma en común. Las historias de cómo por ejemplo estuvieron más de 20 minutos para entender lo que era la palabra "gris" en inglés, "grey", fueron algunos de los contratiempos disfrutables que tuvieron. Lo importante es que pasaron bien y gastaron como buenas mujeres de compras.

Fui a rescatar a Claire al rato luego de terminar los mates de la mañana en paz y los tres nos fuimos a comer falafel a un local turco en el centro. No me convencía mucho pero al final no estuvo tan mal. Claire se fue a fallecer de calor en paz a su casa, sobre el piso fresco de su apartamento, y con mi madre nos fuimos a cambiar para darle una de las últimas sorpresas que le venía preparando hacía tiempo.

Mi madre se emocionó hasta las lágrimas en esas dos horas de función en el Gaiety Theatre con la performance de RIVERDANCE. Honestamente, majestuosa actuación.

Volvimos, nos cambiamos nuevamente y nos fuimos al pub a ver la final de la sub 21 contra Francia. Ahí ya más descansada, física y mentalmente, Claire se nos sumó, y los únicos 6 uruguayos que fuimos al pub vimos como se nos escapaba el título de campeón lamentablemente. Claire entendió menos que mi madre sobre que pasaba en esa pantalla gigante pero acompañó bien a su nueva selección.

La jornada había sido muy larga, mi vieja estaba pronta para planchar cómo correspondía y dado que ya venía durmiendo hacía dos días en el colchón desinflado y sobre el piso de mi cuarto que está inclinado, democráticamente mi madre me dijo "andate a dormir a lo de Claire y venime a buscar mañana temprano para el otro tour", y yo con toda mi autoridad le respondí, "si, mamá".



Temprano fuimos a despertar a la anciana para irnos hasta Galway.
Luego de dos horas y monedas de viaje, llegamos a la otra punta de la isla, sacamos el tour hasta los Cliffs of Moher y mientras que esperábamos, caminamos hasta un mercado callejero.
Ahí mi madre se compró algunos tés con tanta mística, filosofía y armonía que hasta el mismo Buda se moriría de envidia. Mitológicos mismos.

A mi madre le encantaron los Cliffs, le di un tiempo para ella, para que meditara y disfrutara del silencio y la paz del lugar, yo mientras tanto caminé con Claire y cuando había encontrado un lugar hermoso para disfrutar de la vista, un asiático se me sentó adelante y me hizo calentar tanto que preferí armonizarme solo, retirandome en vez de preguntarle si no había visto los otros cientos de metros cuadrados vacíos para sentarse sin molestar a la gente. ¡Ommmm!.



A la vuelta Claire se encontró con una amiga, las dejamos tomando su té tranquilamente y nosotros dos nos fuimos por ahí a mirar el paisaje. Volvimos a Dublín y empezamos a aprontar la valija de vuelta.

El lunes 15 de julio lo empezamos temprano visitando la fábrica de Jameson, dónde yo trabajé hasta hace dos semanas. Le presenté a varios compañeros de trabajo y varios managers babosamente se presentaron solos, es que entre el color de piel, su ropa y hasta el collar que usaba, el cual tiene más de 20 años, le dio a mi madre un aspecto exótico para todo el que la veía en la vieja destilería.

Se despidió de Claire y desde allí nos fuimos a ver a una gran amiga uruguaya, doña Fefi Burgos. Entramos a The Church. Muffins y otros menesteres mediantes, charlamos y pasamos un buen rato juntos.

Ya le quedaba poco de viaje a mi madre, así que levantamos las cacharpas y nos fuimos en el bondi doble hasta el aeropuerto, armamos el último mate y nos sentamos a exprimir los últimos minutos juntos.

Así fue cómo entre mate y mate, saltando y sonriendo se me fue la alegría de esas tres semanas.

Mi madre fue hasta Barcelona dónde estuvo un día más y luego volvió sin ningún inconveniente al Uruguay.
Fue un viaje que seguimos disfrutando con la memoria, me siento muy feliz de haberlo compartido con ella porque se que le di una inmensa alegría y mi madre, una aún mucho mayor a mi.



En dos días es mi cumpleaños, nuevamente lo festejaré sin mi familia físicamente cerca aunque cada día están más y más en mis pensamientos y mi corazón.
Junto con Claire estamos viajando en unas horas a Málaga, por lo que, no voy a pasarlo solo y tampoco voy a festejarlo con frío, sino que en la playa y si todo sale bien, con la alegría de ver cómo Uruguay le gana de visitante a Jordania el mismo día de mi cumpleaños.

Al regreso de España, solo volvemos con el tiempo suficiente para preparar las valijas porque esta vez, las fiestas las paso nuevamente en Uruguay pero con una increíble irlandesa acompañándome. Así que a mitad de diciembre los veo a todos nuevamente. Por unos meses nomás ya que la inquietud siempre le pica a uno y un destino mucho más loco, se vislumbra ahora como muy factible al regreso de Uruguay. Lejos, muy lejos pero eso también, es otra historia.




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Juan Patrick
"La risa no es un mal comienzo para la amistad. Y está lejos de ser un mal final." Oscar Wilde